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2·4 Avidyā kṣetram uttareṣām prasupta-tanu-vicchina-udārāṇām

28 - 02 - 2015
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La ignorancia (Avidyā) es el fundamento de los otros kleshas, los cuales pueden estar latentes, atenuados, interceptados o activos.


Este Sutra añade dos elementos aclaradores sobre la teoría de los kleshas. El primero explica cómo todos los kleshas se enraízan en avidya, el conocimiento erróneo. No solo avidya es el origen de todos los kleshas, sino que también todos los kleshas conducen de vuelta a avidya cuando el practicante intenta enfrentarse a ellos. Vyasa clarifica el mensaje de Patañjali: los kleshas no son sino variaciones del conocimiento erróneo, del pensar que uno sabe, porque todos ellos están infiltrados por el engaño. Cuando un objeto está fundado en avidya, los otros kleshas le siguen. Experimentamos los kleshas siempre que el conocimiento ilusorio está presente y ellos se reducen cuando éste se atenúa. (Vyasa commentary on 2.4, Swami Hariharananda Aranya, Yoga philosophy of Patañjali, p.119. Traducción del inglés del autor).

La segunda noción esencial que ofrece este sutra es que los kleshas son connaturales a la condición humana. No hay manera de borrarlos. Podemos “esterilizarlos”, “dormirlos”, pero sabemos que todos los kleshas, en circunstancias específicas, pueden volver a brotar, aunque hayan permanecido ocultos por muchos años. Hay aquí una advertencia dura para el sadhaka: los kleshas no desaparecen; el practicante debe estar alerta y no debe parar de practicar kriya yoga, que es el verdadero antídoto contra la propagación de los kleshas (Klesha-vṛtti).

De acuerdo con Patañjali, los kleshas pueden presentarse en cuatro estados: latentes, atenuados, interceptados o activos.

Un klesha está latente cuando no lo percibimos porque las condiciones no son propicias para su manifestación. Por ejemplo, siempre tenemos miedo de morir (abhinivesha), pero no todas nuestras acciones están motorizadas por este temor. Cuando sentimos que estamos en una situación que amenaza a nuestra vida, entonces aparece el klesha y nos conduce a la acción. De ninguna manera el klesha estaba bajo control, sino que necesitaba las condiciones adecuadas para activarse.

La condición atenuada es esa en la que el klesha está presente pero en condiciones de debilidad. Típico del sadhaka que ha practicado por mucho tiempo. Todavía llevará la carga de los kleshas, pero su peso se habrá aligerado, será más fácil de llevar.

Cuando la mente está dominada por un klesha, por lo general los otros están inactivos. Patañjali llama a este estado 'interceptado' o 'alterado' . Somos capaces de sentir un solo dolor a la vez. Si por ejemplo sufrimos un dolor de cabeza y otro de estómago, nuestro cerebro enviará impulsos de ambos dolores, pero de forma alternada y no en simultánea, aun cuando los impulsos de dolor enviados son tan cercanos en el tiempo que nos aparecen simultáneos.

Finalmente, el estado activo se caracteriza por la ausencia de control: se trata de la condición ordinaria del género humano.

La práctica de yoga no sólo atenúa los estados de aflicción (kleshas), sino que permite al sadhaka alcanzar el prasamkhyana o el “conocimiento que discrimina lo real de lo ilusorio”. Una vez que el yogui lo ha logrado y se mantiene conectado con la esencia primaria de la realidad y no con sus apariencias; cuando el yogui alcanza la realidad cultivando la humildad y la consciencia de avidya, entonces avidya, el klesha madre, se seca y se vuelve estéril. Las semillas de la aflicción seguirán allí, pero ya no se propagarán, no darán frutos. Las semillas del sufrimiento arderán en el fuego del conocimiento, que destruye su potencialidad de germinación. (G. Maehle, Ashtanga Yoga, p. 188).

Este es el resultado de la práctica larga e ininterrumpida de kriya yoga: quemar las semillas del sufrimiento, encontrar paz en la esencia de la realidad, en su simplicidad, en su esencialidad, en su infinita sabiduría.